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INTRODUCCIÓN

Este capítulo proporciona una visión general del desarrollo normal, identifica variaciones en el desarrollo y analiza varios de sus trastornos; no cubre el desarrollo típico en el periodo neonatal o en la adolescencia (véanse los capítulos 2 y 4, respectivamente). Aborda las variaciones de la conducta que reflejan el espectro del desarrollo normal, junto con los trastornos del desarrollo y del comportamiento y su tratamiento. El principio de desarrollo como cambio continuo y maduración es parte integral de la práctica cotidiana de la pediatría. Esto es la ciencia básica en pediatría. Por ejemplo, reconocemos que un lactante de tres meses de edad es muy diferente de un preescolar de tres años o un adolescente de 13 años, no sólo con respecto a lo que el infante puede hacer sino también en términos de los tipos de enfermedad que él o ella podría tener. Desde la perspectiva del pediatra general, todas estas áreas deben contemplarse en el contexto de un “hogar clínicamente saludable”. El hogar clínicamente saludable se define como un entorno que brinda atención adecuada, continua, que corresponda a la cultura, integral y sensible a los niños y sus familias. Es un ámbito que involucra a todos los niños, ya sean normales o que tengan problemas de desarrollo o discapacidades. Al incorporar los principios del desarrollo infantil, el concepto de que los niños se encuentran en constante cambio, el hogar clínicamente saludable es el entorno óptimo para comprender y mejorar el desarrollo típico y para abordar las variaciones, los retrasos y las desviaciones que pueden surgir en la trayectoria de la vida de los niños y su familia.

DESARROLLO NORMAL

Los niños por lo general siguen una trayectoria de aumento del tamaño físico (http://www.cdc.gov/growthcharts/clinical_charts.htm) y una creciente complejidad de la función, en especial durante los primeros cinco años de vida. El niño triplica su peso al nacer durante el primer año y alcanza dos tercios del tamaño del cerebro adulto a la edad de 2.5 a 3 años. El niño progresa de ser un lactante totalmente dependiente al nacer a una persona móvil y que habla y puede expresar sus necesidades y deseos a los 2 o 3 años de edad. En los siguientes tres años, el niño desarrolla aún más la capacidad de interactuar con sus compañeros y los adultos, logra considerables habilidades verbales y físicas, y se prepara para ingresar al mundo académico de aprendizaje y socialización.

Es fundamental para el médico identificar las alteraciones en el desarrollo durante estos primeros años, ya que hay ventanas de oportunidad o periodos sensibles cuando se pueden instituir intervenciones apropiadas para atender con eficacia las alteraciones del desarrollo.

PRIMEROS DOS AÑOS DE EDAD

Desde una perspectiva motora, los niños se desarrollan en dirección cefalocaudal. Pueden levantar la cabeza con buen control a los tres meses, sentarse sin apoyo a los 6 meses, gatear ...

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