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INTRODUCCIÓN

Los narcóticos u opioides se usan sobre todo para el manejo del dolor, pero debido a la facilidad de disponibilidad, las personas obtienen y usan estos medicamentos con graves consecuencias, incluyendo el trastorno por uso de opioides y sobredosis. Casi 4 millones de personas en Estados Unidos son consumidores indebidos actuales de analgésicos, y el uso indebido de opioides a nivel mundial causa la mayor carga global de morbilidad y mortalidad; transmisión de enfermedades; aumento de los costos de atención médica, delincuencia y aplicación de la ley, y costos menos tangibles de angustia familiar y pérdida de productividad.

Los opioides se unen a receptores opioides específicos en el CNS y en otras partes del cuerpo. Estos receptores median los efectos opiáceos de la analgesia, la euforia, la depresión respiratoria y el estreñimiento. Los péptidos opiáceos endógenos (encefalinas y endorfinas) son ligandos naturales para los receptores opioides y juegan un papel en la analgesia, la memoria, el aprendizaje, la recompensa, la regulación del estado de ánimo y la tolerancia al estrés.

Los opiáceos prototípicos, la morfina y la codeína se derivan del jugo de la adormidera. Los medicamentos semisintéticos producidos a partir de la morfina incluyen hidromorfona (Dilaudid), diacetilmorfina (heroína) y oxicodona (OxyContin). Los opioides puramente sintéticos y sus primos incluyen meperidina, propoxifeno, difenoxilato, fentanilo, buprenorfina, tramadol, metadona y pentazocina. Todos producen analgesia y euforia, así como dependencia física cuando se toman en dosis suficientemente altas durante periodos prolongados.

MANIFESTACIONES CLÍNICAS

El diagnóstico del trastorno por consumo de opioides según se define en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, quinta edición (DSM-5, diagnostic and statistical manual of mental disorders, fifth edition) requiere el uso repetido del opiáceo mientras produce problemas en dos o más áreas en un periodo de 12 meses. Las áreas incluyen tolerancia, abstinencia, uso de mayores cantidades de opioides de lo previsto, ansia y uso a pesar de las consecuencias adversas. Un aspecto reciente y sorprendente del uso ilícito de opioides ha sido su marcado aumento como la puerta de entrada a las drogas ilícitas en Estados Unidos. Desde 2007 los opiáceos recetados han superado a la marihuana como la droga ilícita más común que los adolescentes usan inicialmente, aunque las tasas generales de consumo de opioides son mucho más bajas que la marihuana. Los opioides más utilizados son las recetas desviadas de oxicodona e hidrocodona, seguidas de heroína y morfina y, entre los profesionales de la salud, meperidina y fentanilo.

Efectos agudos

Todos los opiáceos tienen los siguientes efectos en el CNS: sedación, euforia, disminución de la percepción del dolor, disminución del impulso respiratorio y vómitos. En dosis más grandes, se produce una marcada disminución de las respiraciones, bradicardia, miosis pupilar, estupor y coma. Además, los adulterantes utilizados para “cortar” las drogas ilegales (quinina, fenacetina, estricnina, antipirina, cafeína, leche en polvo) ...

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