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INTRODUCCIÓN

El apasionante mundo de los hongos ha estado en contacto con la humanidad desde su origen. A través de los años, éstos han tenido múltiples usos y fines: inicialmente como alimento, en el afán del ser humano por encontrar nuevas fuentes nutricionales, y quizá también como elementos de ornato. Un buen ejemplo es uno de los frescos de Herculano y Pompeya, pintado antes del año 79 d.C., donde se observan algunas setas (Lactarius deliciosus) y faisanes.

En diversas civilizaciones como la griega, romana e hindú, los hongos se consideraron alimento sagrado. Gracias a la obra de fray Bernardino de Sahagún, y libros como el Popol Vuh y el Chilam Balam, sabemos que en las culturas prehispánicas de México, tanto en la náhuatl como en la maya, los hongos adquirieron un rango elevado y se consideraron también comida de dioses y reyes; tal vez en Mesoamérica esta relación tenga que ver más con los hongos alucinógenos que con los alimenticios. La costumbre de ingerir hongos con fines místicos continúa hasta nuestros días.

Hasta el siglo XVIII, los únicos hongos conocidos eran los macromicetos o setas, pero gracias a la invención del microscopio por Leeuwenhoek, se nos ha permitido asomarnos al mundo no perceptible por el ojo humano, para así encontrar el vasto grupo de los hongos microscópicos, del que se han obtenido múltiples beneficios; por ejemplo, el desarrollo de alimentos y antibióticos, al igual que la capacidad de reconocer aquellos que son patógenos para el hombre, los animales y las plantas.

Se han realizado diversos cálculos acerca de la existencia total de hongos, desde mediados del siglo XVIII hasta la fecha. Múltiples autores señalan aproximadamente un millón y medio de especies, pero se considera una cifra conservadora. De acuerdo con el reporte reciente de Hawsworth y Lücking (2019), se estima que el rango real oscila entre 2.2 a 3.8 millones, de los que sólo hay 120 000 especies aceptadas. Es de llamar la atención que, con el advenimiento de la biología molecular, se han venido reportando una serie de complejos fúngicos, con diversas especies crípticas, las cuales son indistinguibles por morfología y genéticamente muy cercanas entre sí.

Tanto los hongos macroscópicos (setas), como microscópicos (mohos y levaduras), tienen un papel de gran relevancia en el ecosistema: sirven para el reciclaje del material orgánico, puesto que ayudan a los ciclos de minerales y de nutrientes); indispensables en el desarrollo de las plantas; mantenimiento y limpieza del agua; prevén la desertificación y erosión de la tierra; controlan diversas plagas; como parásitos, permiten la selección natural de los organismos afectados; y son alimento de diversos animales, incluyendo al humano. En resumen, son componentes fundamentales para mantener un ecosistema saludable.

Como enfoque general y simple, cabe hacer mención de los grupos de hongos de mayor interés social:

  • Hongos ornamentales.

  • Hongos alimenticios.

  • Hongos venenosos o tóxicos.

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