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INTRODUCCIÓN

El síndrome antifosfolípido es una enfermedad autoinmune asociada con la presencia de autoanticuerpos, principalmente anticuerpos anticardiolipina, anticuerpos anti-bβ2-glicoproteína 1 y anticoagulante lúpico. La epidemiología exacta del síndrome se desconoce, pero se ha calculado que la incidencia de la enfermedad es de 5 casos por cada 100 mil individuos por año y la prevalencia de 40 a 50 casos por cada 100 mil individuos. El síndrome antifosfolípido se puede presentar de forma primaria o asociarse a otras condiciones, principalmente a lupus eritematoso sistémico. Típicamente, el síndrome antifosfolípido se caracteriza por la presencia de complicaciones vasculares (trombosis arteriales, venosas o de vasos pequeños), complicaciones obstétricas (abortos recurrentes, muerte fetal tardía, pre-eclampsia o restricción del crecimiento intrauterino) o una combinación de ambas. Sin embargo, el espectro clínico de la enfermedad se ha expandido y otras manifestaciones, tales como trombocitopenia, lesiones cardiacas valvulares, livedo reticularis o nefropatía también se pueden encontrar en porcentajes variables. El síndrome antifosfolípido catastrófico es una presentación rara de la enfermedad (1%) que incluye la afección simultánea de por lo menos tres órganos, sistemas o tejidos en un periodo corto de tiempo (1 semana) con la confirmación histológica del involucro de vasos pequeños. El diagnóstico del síndrome se realiza en presencia de las manifestaciones clínicas mencionadas y la detección de los anticuerpos antifosfolípidos circulantes. Los anticuerpos que son clínicamente relevantes en el diagnóstico de la enfermedad incluyen anticuerpos anticardiolipina, anticuerpos anti-β2-glicoproteína 1 y anticoagulante lúpico. Existen criterios de clasificación de la enfermedad, pero estos se utilizan con fines de investigación.

Tratamiento de la trombosis

Tromboprofilaxis primaria

La tromboprofilaxis primaria se refiere a la prevención del desarrollo de trombosis en individuos quienes nunca las han presentado. Se sabe que individuos asintomáticos con anticuerpos antifosfolípidos persistentemente positivos (en particular aquellos con niveles elevados o con “triple positividad”) están en riesgo de desarrollar trombosis. Antes de pensar en alguna intervención farmacológica específica, la modificación de otros factores de riesgo vascular es importante en la prevención primaria de la trombosis, entre ellos la suspensión del uso de tabaco y el control de comorbilidades tales como la obesidad, la hipertensión arterial o cualquier hiperlipidemia. A pesar de la insuficiente información publicada al respecto, el uso de tromboprofilaxis primaria parece justificada en aquellos individuos asintomáticos con anticuerpos antifosfolípidos positivos con factores de riesgo cardiovascular adicionales (con aspirina o antimaláricos) o en alguna condición de riesgo elevado, como cirugía o el posparto (con heparina de bajo peso molecular).

El uso de dosis bajas de aspirina en portadores asintomáticos de anticuerpos antifosfolípidos es tema de debate y la información disponible es limitada. Un estudio aleatorizado, doble-ciego, controlado (APLASA) no demostró que las dosis bajas de aspirina fueran mejor que placebo para prevenir el desarrollo de trombosis en este grupo de pacientes. Sin embargo, el estudio no tuvo el suficiente poder estadístico para demostrar diferencias en ambos grupos. Por otro lado, en un meta-análisis de 11 estudios ...

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