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INTRODUCCIÓN

Una vez conocidos los componentes celulares y moleculares del sistema inmunitario, se analiza cómo los mismos son capaces de actuar a través de una serie de mecanismos que se denominan respuesta inmunitaria y permiten defendernos de la gran variedad de agentes externos e internos que resultan una amenaza y son potencialmente dañinos. Así, entre los externos es necesario destacar los microorganismos patógenos (bacterias, hongos, virus y parásitos) que constantemente intentan invadirnos, pero también hay que considerar los alimentos, que en realidad es un material extraño. Entre los internos está la continua aparición de células cancerosas y de daños en las estructuras corporales. Para eliminar a los patógenos no es necesario utilizar todo el potencial inmunitario en cada momento. La mayoría de los agentes infecciosos no logran atravesar las barreras físicas (superficies epiteliales), químicas (moléculas con función defensiva) y microbiológicas de la piel o las mucosas, las cuales representan la primera defensa para impedir la infección. Otras veces, la inmunidad innata, con una respuesta inmediata y rápida, ya que dura de segundos a pocas horas, y en la que hay un reconocimiento y eliminación de lo extraño por sistemas efectores (células y moléculas) preformados y no específicos, resuelve la situación dándose la desaparición del agente infeccioso. Rara vez es necesaria la intervención de la inmunidad adquirida específica, también llamada adaptativa, que es tardía porque aparece después de horas de iniciarse la infección. En ésta se transporta el antígeno a los órganos linfoides, hay un reconocimiento del mismo por los linfocitos, dándose expansión clonal mediante proliferación (la mayor parte de los linfocitos T y B, presentes en el organismo en un momento concreto, se encuentran funcionalmente en reposo, es decir, están en la fase G0 del ciclo celular; la exposición a un antígeno hace que determinados clonos se activen y avancen por el ciclo celular). También tiene lugar un proceso de diferenciación a células efectoras antígeno-específicas de los agentes patógenos que permiten la eliminación de los mismos (lo cual se conoce como respuesta primaria), así como generación de células memoria, preparadas para enfrentarse a sucesivas infecciones de ese mismo microorganismo (respuesta secundaria). Las estrategias celulares seguidas en ese proceso por los linfocitos T (que median lo que se denomina respuesta inmunitaria celular) y los linfocitos B (que realizan la respuesta inmunitaria denominada humoral, en la cual también se requiere la participación de factores producidos por los linfocitos T) tienen unos aspectos comunes y otros diferentes (cuadro 25–1). En principio, esta inmunidad adquirida concluye la eliminación de lo extraño y garantiza una protección duradera mediante lo que se denomina memoria inmunológica, característica que se explota en la vacunación.

Cuadro 25–1Tejidos, células y moléculas que intervienen en la respuesta inmunitaria innata y adquirida

Los dos ...

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