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REGULACIÓN DE LA INGESTA

La ingesta está controlada por factores internos que regulan el hambre y la saciedad, y factores externos que determinan la disponibilidad de alimentos e influyen sobre las ganas de comer.

Los factores internos que regulan la ingesta y homeostasis energética pueden dividirse en dos grupos: según ésta ocurra a corto o largo plazo. Los primeros determinan el tamaño de las comidas y la disponibilidad energética inmediata. En cambio, los segundos regulan el consumo de alimento y el balance energético a lo largo de un periodo más extenso, de forma que intervienen en el mantenimiento del peso corporal y en la regulación de la magnitud de las reservas energéticas del organismo.

REGULACIÓN A CORTO PLAZO

Son las señales que desencadenan el comienzo o final de las comidas, respectivamente. Por un lado, la temperatura tanto externa como interna, influida por el efecto térmico de los alimentos, juega un papel en la regulación de la ingesta. En general, un incremento en la temperatura sanguínea, detectada por el hipotálamo, inhibe el consumo de alimento.

Por otro lado, en el tracto gastrointestinal existen mecanorreceptores y receptores de estiramiento que mandan señales aferentes hacia el sistema nervioso central (SNC) informando sobre el volumen de comida que se ingiere. Estas señales producen saciedad, por lo que son una importante señal reguladora a corto término, con un papel clave en la finalización de las comidas (figura 79.1). Además, los nutrientes que viajan por el torrente sanguíneo pueden regular la ingesta actuando directamente sobre el SNC, o a través de quimiorreceptores localizados en el tracto gastrointestinal, en la vena porta y el hígado que activan vías vagales aferentes fundamentalmente.

Figura 79–1.

Esquema que muestra la integración de las diferentes señales hormonales que llegan al hipotálamo para controlar la ingesta. La grasa produce leptina, el páncreas endocrino produce insulina, en el tracto gastrointestinal se libera colecistoquinina (CCK), y en el hígado nutrientes. También hay señales de distensión gástrica que viajan por vía vagal. A nivel hipotalámico se activan los distintos neuropéptidos orexígenos o anorexígenos.

Los nutrientes también afectan la ingesta de forma indirecta al modificar a las hormonas involucradas en su control, como la insulina, la leptina y otras producidas en células endocrinas del tubo digestivo, como la colecistoquinina (CCK) (figura 79–1).

Las variaciones en los niveles de glucosa se analizan por el hipotálamo a través de un circuito que involucra neuronas del núcleo del tracto solitario (NTS) de la médula y del hipotálamo ventromedial y lateral. Ante un incremento de la glucemia, hay un aumento de la actividad neuronal que produce una respuesta inmediata de saciedad. En el ser humano, los cambios pequeños de la glucemia tienen poco efecto sobre la sensación de hambre; sin embargo, una ...

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