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INTRODUCCIÓN

Las urgencias hipertensivas han sido cada vez menos frecuentes en los últimos años, aunque aún requieren diagnóstico rápido, así como tratamiento intensivo y cuidadoso. Están disponibles diversas presentaciones urgentes y el tratamiento apropiado varía de manera correspondiente.

Las crisis hipertensivas son situaciones en las que es necesario reducir la presión arterial en el transcurso de unas cuantas horas. Esto incluye a pacientes con hipertensión grave asintomática (presión arterial sistólica > 220 mmHg o presión diastólica > 125 mmHg que persiste después del periodo de observación) e individuos con edema del disco óptico (eFig. 11–3), complicaciones progresivas de órgano blanco e hipertensión perioperatoria grave. Las cifras de presión arterial altas, aisladas (sin síntomas ni daño reciente o progresivo a órganos blanco) rara vez requieren tratamiento de urgencia. Casi nunca es necesaria la farmacoterapia parenteral y el objetivo es una disminución parcial de la presión arterial con alivio de los síntomas. Los fármacos orales efectivos son clonidina, captoprilo y nifedipina de liberación lenta.

eFigura 11–3.

Retinopatía de Keith-Wagener en etapa IV. Puede incluir los mismos cambios retinianos que la etapa III, pero además hay edema de la papila. (Reproducido con autorización de Vaughan DG, Asbury T, Riordan-Eva P [editors]. General Ophthalmology, 15th ed. Publicado originalmente por Appleton & Lange. Copyright © 1999 por The McGraw-Hill, Companies, Inc.)

En las urgencias hipertensivas es necesario reducir de manera considerable la presión arterial en el transcurso de 1 h para evitar el riesgo de morbilidad grave o muerte. Aunque la presión arterial suele estar muy alta (diastólica > 130 mmHg), a menudo es limitada la correlación entre presión y daño orgánico final. Son las lesiones críticas múltiples a órganos las que determinan la gravedad de la urgencia hipertensiva y el método terapéutico. Las urgencias hipertensivas incluyen encefalopatía hipertensiva (cefalea, irritabilidad, confusión y alteración del estado mental por espasmo cerebrovascular), nefropatía hipertensiva (hematuria, proteinuria y lesión renal aguda por necrosis arteriolar e hiperplasia de la íntima de las arteriolas intralobulillares), hemorragia intracraneal, disección aórtica, preeclampsia-eclampsia, edema pulmonar, angina inestable o infarto miocárdico. La encefalopatía o la retinopatía hipertensiva (eFig. 11–3) que acompaña a la nefropatía se ha denominado históricamente como hipertensión maligna, pero el método terapéutico es idéntico al utilizado en otras urgencias hipertensivas.

En casi todas las urgencias hipertensivas está indicado el tratamiento parenteral, en especial si hay encefalopatía. El objetivo inicial consiste en reducir la presión hasta un límite de 25% (en el transcurso de minutos a 1 o 2 h) y a continuación hasta una cifra de 160/100 mmHg en el lapso de 2 a 6 h. Las reducciones excesivas de la presión pueden precipitar isquemia coronaria, cerebral o renal. Para evitar dichos descensos es preferible administrar fármacos con un efecto antihipertensivo predecible dependiente de la dosis, transitorio y progresivo (cuadro 11–15). En relación con lo ...

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