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INTRODUCCIÓN

La hemorragia causa anemia por dos mecanismos principales: 1) pérdida inmediata de eritrocitos, y 2) agotamiento de los depósitos de hierro cuando la hemorragia es prolongada, lo que termina por generar ferropenia. La anemia ferropénica se describe en el capítulo 97. Aquí se describirá el primer tipo, es decir, la anemia poshemorrágica después de una hemorragia aguda. Puede ser externa (como sucede después de un traumatismo o hemorragia obstétrica) o interna (p. ej., por hemorragia de tubo digestivo, rotura de bazo, embarazo ectópico roto, hemorragia subaracnoidea, aneurisma roto). En cualquiera de estos casos, después de una hemorragia repentina abundante, hay tres etapas clínicas/fisiopatológicas. 1) En primer lugar, la característica predominante es la hipovolemia, que constituye un peligro en especial para los órganos con irrigación abundante, como el encéfalo y los riñones; por consiguiente, los peligros principales son síncope e insuficiencia renal aguda. Es importante advertir que durante esta etapa la biometría hemática no muestra anemia porque la concentración de hemoglobina no se modifica. En la exploración física puede encontrarse taquicardia, taquipnea, disminución de la presión del pulso, piel fría, pálida y marmórea y disminución de la diuresis. 2) Como respuesta de urgencia, los barorreceptores y receptores de estiramiento causan la liberación de vasopresina y otros péptidos y el líquido se desplaza del compartimiento extravascular al intravascular, lo que genera hemodilución; por eso, la hipovolemia se convierte de manera gradual en anemia. El grado de anemia refleja la magnitud de la hemorragia: si tres días después la hemoglobina es de unos 7 g/100 mL, significa que se ha perdido cerca del 50% de la sangre total. 3) En tercer lugar, siempre y cuando la hemorragia se detenga, la respuesta de la médula ósea mejora de forma gradual la anemia. En esta fase del proceso, el recuento de reticulocitos y la concentración de eritropoyetina se elevarán. El incremento fisiológico de la producción de eritrocitos en la médula ósea se refleja por el incremento en el recuento de reticulocitos, similar a la respuesta que se observa en la médula ósea en casos de hemólisis.

El diagnóstico de anemia poshemorrágica aguda (APHA, acute posthemorrhagic anemia) suele ser sencillo; sin embargo, algunos episodios de hemorragia interna, como después de un traumatismo u otra lesión, no se manifiestan de inmediato, ni siquiera los abundantes. La búsqueda de datos en la exploración física puede ayudar a localizar la hemorragia. El signo del recto anterior (equimosis del flanco) puede reflejar la hemorragia retroperitoneal. El signo de Cullen (equimosis umbilical) puede sugerir hemorragia intraperitoneal o retroperitoneal. La percusión o la matidez del tórax puede sugerir hemorragia intrapleural. Cuando se observa un descenso repentino de la hemoglobina, sin importar los antecedentes que ofrezca el paciente, se debe sospechar APHA. La información complementaria se obtendrá con las preguntas correctas y los estudios correspondientes (p. ej., una ecografía o endoscopia).

TRATAMIENTO Anemia por hemorragia aguda

En pacientes con inestabilidad hemodinámica tienen prioridad la permeabilidad ...

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