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INTRODUCCIÓN

Las enfermedades infecciosas de los seres humanos implican interacciones intrincadas entre el microorganismo infectante, el tejido humano y el microbioma del hospedador. La coevolución de los seres humanos y los microorganismos ha llevado a la presencia de diversos factores microbianos específicos que promueven el proceso de la enfermedad y una amplia gama correspondiente de respuestas celulares humanas, tanto específicas como inespecíficas, a los patógenos. Entre los factores microbianos que promueven la enfermedad se encuentran los que alteran las células humanas, los que inhiben las respuestas inmunitarias del hospedador y los que responden a los microorganismos que constituyen la microbiota y sus productos metabólicos. El proceso de infección se puede dividir en varias etapas: el encuentro y la entrada del microorganismo al cuerpo humano (colonización), la unión del microorganismo en su nicho favorito y la evitación microbiana de las defensas del hospedador (infección), el despliegue combinado de factores microbianos que dañan a los tejidos y las respuestas inflamatorias del hospedador a la presencia del microorganismo (enfermedad) y la liberación del patógeno al medio ambiente, donde puede infectar a otros (transmisión). Es notable que para la mayoría de los patógenos microbianos, la respuesta inflamatoria del hospedador contribuye sustancialmente a los síntomas y al daño hístico. Además, la microbiota humana (la colección de microorganismos que residen en y sobre el cuerpo humano) modula de forma directa o indirecta todas las etapas de la infección (cap. 471). En este capítulo se describen los mecanismos moleculares y celulares mejor comprendidos que contribuyen a la enfermedad humana causada por patógenos bacterianos.

ENTRADA EN EL HOSPEDADOR HUMANO

Las enfermedades infecciosas se producen cuando un patógeno vivo entra en el hospedador humano o cuando un producto patógeno tóxico es ingerido por el hospedador, siendo el primer mecanismo mucho más común que el segundo.

La mayor parte de las infecciones bacterianas son el resultado de la entrada de un patógeno en el cuerpo. La entrada puede ocurrir a través de una rotura en la piel hacia los tejidos blandos subyacentes o en la superficie de la mucosa de las vías respiratorias, tubo digestivo o genitourinario; la piel también puede sufrir infección directa. La entrada en estos sitios puede provocar una infección del torrente sanguíneo, lo que a su vez puede resultar en la infección de otros aparatos y sistemas.

La entrada en el aparato respiratorio se produce a través de núcleos de gotitas respiratorias (partículas suspendidas en el aire de 1 a 5 µm de diámetro) o a través de fómites introducidos a través de una mano que está contaminada por el contacto con una superficie inerte contaminada (p. ej., el pomo de una puerta o una llave de agua). Los núcleos de gotas infecciosas se generan cuando una persona con una infección respiratoria transmisible (p. ej., tuberculosis, legionelosis, psitacosis, gripe, sarampión, varicela, aspergilosis, infección por COVID-19) estornuda, tose, habla, toca un instrumento musical ...

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