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INTRODUCCIÓN

Antes de establecer el tratamiento más adecuado para una infección ocular, es mejor identificar al microorganismo causal, pero en muchos casos se recurre al tratamiento empírico, es decir, orientado por los conocimientos de los perfiles locales de resistencia microbiana, en primera instancia. En el tratamiento de la conjuntivitis y en la profilaxis contra infecciones de los ojos es preferible utilizar un fármaco que no se administre por vía sistémica. Se han recomendado las fluoroquinolonas para tratar la conjuntivitis, pero es mejor reservarlas para tratar la queratitis bacteriana y otras infecciones graves. No hay evidencia clínica que indique la superioridad de algún antibiótico tópico para la conjuntivitis bacteriana común. De los antibacterianos locales disponibles, la sulfacetamida sódica es eficaz y barata. Se le distribuye en la forma de pomada o solución. La combinación de pomadas de bacitracina y polimixina se prescribe con fin profiláctico después de la extracción de un cuerpo extraño en la córnea para protegerla y permite obtener protección contra microorganismos grampositivos y gramnegativos.

Al igual que las fluoroquinolonas, los antibióticos de amplio espectro más eficaces contra infecciones oculares graves son los aminoglucósidos y las cefalosporinas. Si no se cuenta con algún preparado comercial oftálmico se puede obtener una preparación idónea de alguna farmacia galénica. En las infecciones intraoculares y corneales infrecuentes se necesitan preparados con fórmulas especiales de marcas comerciales, presentación parenteral o de novo.

MÉTODO DE ADMINISTRACIÓN

Muchos de los fármacos antiinfecciosos de uso oftálmico se administran de forma tópica. Las pomadas muestran mayor eficacia terapéutica que las soluciones porque se conserva por un tiempo mayor el contacto. Sin embargo, producen visión borrosa y, si se intenta prevenir esta, debe recurrirse a las soluciones. En caso de infección intraocular grave se utilizan inyecciones intravítreas preparadas a base de fórmulas parenterales.

Es necesaria la administración sistémica en el caso de algunas infecciones intraoculares, celulitis orbitaria, dacriocistitis, queratoconjuntivitis gonocócica, conjuntivitis con cuerpos de inclusión e infecciones externas graves que no mejoran con el tratamiento local.

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