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INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO

Hasta un tercio de los pacientes hospitalizados presenta problemas cutáneos que el médico tratante debe valorar.1,2 Estos trastornos van desde los no relacionados con la hospitalización y que son irrelevantes en ese momento hasta aquellos que podrían indicar trastornos de la piel que ponen en peligro la vida o una enfermedad sistémica subyacente grave. El diagnóstico y el tratamiento correctos de un problema cutáneo en un paciente hospitalizado dependen tanto del acceso oportuno a la consulta dermatológica como de la capacitación en dermatología que reciben muchos médicos o profesionales de atención avanzada no dermatólogos.3 Es bien sabido que en menos de la mitad de los episodios intrahospitalarios existe coincidencia entre los diagnósticos dermatológicos de los médicos que hacen la referencia y los que hacen los especialistas en dermatología.4,5,6,7,8 Esto implica el riesgo de que muchos pacientes reciban tratamientos inapropiados, costosos e incluso dañinos, o ningún tratamiento en absoluto. Los diagnósticos y tratamientos incorrectos o tardíos pueden derivar en hospitalizaciones prolongadas o mayores tasas de reingreso.8,9 Algunas publicaciones recientes plantean alternativas para que la dermatología intrahospitalaria sea más asequible, entre ellas el uso de la teledermatología.10,11,12

Para el médico tratante no dermatólogo es importante familiarizarse con las dermatosis frecuentes y graves que se observan en el hospital, y con la manera en que el ambiente hospitalario puede contribuir a ellas.

El tipo y alcance de los problemas observados en el hospital a menudo dependen de la naturaleza del hospital mismo (pediátrico, académico, de tercer nivel, comunitario) y la población a la que atiende, así como de la especialidad en que se origina la consulta (medicina interna, neurología, etc.). Ciertos problemas se observan con frecuencia, como las dermatitis (atópica, seborreica, de contacto), psoriasis, problemas infecciosos (bacterianos, micóticos y virales, en especial candidosis y celulitis) y reacciones farmacológicas.1,5,7,12,13

El ambiente hospitalario puede predisponer a un paciente a muchos problemas cutáneos. En un estudio se calculó que cerca de 36% de los trastornos dermatológicos en pacientes hospitalizados ocurrieron después del ingreso.6 El paciente hospitalizado es particularmente vulnerable a las infecciones por muchas razones, incluidas la exposición a organismos intrahospitalarios prevalentes y en ocasiones resistentes, inmunidad disminuida o alterada por la enfermedad subyacente o el tratamiento (p. ej., quimioterapia)14 y la pérdida de integridad cutánea por traumatismo, cirugía y catéteres intravenosos que crean portales de entrada. La búsqueda e identificación de un portal de entrada en la piel es de especial importancia para diagnosticar infecciones cutáneas. Además, algunas infecciones se deben a la proliferación, no al contagio, como resultado de cambios ecológicos (p. ej., candidosis después de antibióticos), ambientes húmedos (p. ej., tiña inguinal en pacientes encamados) o por autoactivación (p. ej., virus herpes simple [HSV, herpes simplex virus] en individuos inmunodeprimidos).

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